COMENTARIOS SOBRE LA REALIZACIÓN DEL VIDEO DE BODAS
Un poco de historia
Gran parte de las primeras realizaciones de videos al alcance de quienes concretaban una fiesta fueron digitadas por fotógrafos, profesionales que gozaban de cierto prestigio dentro de un mundillo llamado “social”. Esto sucedía hace unos cuantos años y en Argentina, aunque es posible que esta apreciación tenga concordancia con lo acaecido, también, en otros lugares del mundo. Lo escrito no intenta aseverar que en aquellos días, 198… y pico, estas personas abandonaron la fotografía para cambiar de oficio (aunque después algunos sí lo hicieron) sino que fueron quienes, ante el auge y el entusiasmo del público por acceder a la posibilidad de ver su fiesta en “videocasete”, contaban con el renombre y la confianza de su clientela para poder anexar esta novedad y ofrecer desde sus negocios con cierto nivel de éxito, ventaja que les otorgara su trayectoria en el arte de la fotografía. Antes había rondado el ambiente familiar el formato de película cinematográfica Súper 8, aunque no todas las familias estuvieron en condiciones de adquirir este equipo.
Así fue; al poco tiempo era difícil hallar un amigo o familiar que no guardara “Nuestra Boda” o “Mis Quince” en un VHS, películas para compartir con sus conocidos cuantas veces quisieran y desde un aparato relativamente sencillo de manejar.
Hasta aquí todos felices, pero algo sucedió mientras evolucionaba la experiencia. Aunque ya sonaban en el ambiente nuevos nombres dedicados exclusivamente a la realización de videos, entre ellos los de algunos camarógrafos de televisión, la porción más grande en lo que a clientela se refería seguía siendo potestad de aquellos hábiles fotógrafos sociales que habían arriesgado una inversión en los nuevos y costosos equipos. Estos excelentes profesionales en su ámbito, pero desconocedores en la mayoría de los casos de las pautas preponderantes en la imagen móvil o la dinámica y alternativas propuestas en cinematografía, trasladaron al video que realizaban para sus clientes “muchas” de las características y costumbres concernientes al radio de sus producciones fotográficas, marcando un rumbo o paradigma para el aspecto del video social, huellas que prevalecen aún en gran cantidad de realizaciones audiovisuales.
Como lo es en la actualidad, era común en aquel entonces que muchas parejas cercanas a contraer matrimonio solicitaran al fotógrafo algunas tomas del momento que la novia se preparaba para el acontecimiento; arrastrado por la inercia de su oficio éste podía entender que todo aquello también se debía “filmar”, pero el impulso no terminaba allí sino que se extendía además al momento en que la maquillaban, peinaban, acomodaban el vestido, salida de la casa, el extenso recorrido dentro del parque… y muchos pero muchos etcéteras. Tal sobrecarga, según mi parecer, no hace más que sumar tensión al clima previo que suele flotar en el ambiente de una boda y, en la mayoría de los casos, engordar un video hasta el cansancio, signándolo a una categoría donde no podrá ser apreciado en su totalidad por un buen grupo de familiares y amigos: la mitad se quedará dormido en medio de la reproducción.
Instantáneas de un filmador, una pincelada humorística
Antes de proseguir, y para matizar, imprimo tres instantáneas reales del año 1990:
Primera: Una novia ansiosa se engalana en su casa paterna; el “filmador”, que no quiere ponerse cargoso pero duda poder conseguirlo, desde temprano la ronda para no perder detalle (“discúlpeme Ariel -dice el padre de la novia, parado junto a la puerta del baño- ¿sabe usted hacer el nudo de la corbata? La de mi hijo también, por favor”).
Segunda: El “filmador” logrando equilibrio con su cámara e iluminadores encendidos cerca del rostro de la protagonista del enlace, situación que también beneficia a quien en ese momento la está maquillando (la novia desliza un débil pero contundente: “por favor… la luz es tan potente que me hace lagrimear, se me va a correr el rímel”).
Tercera: Al “filmador”, quien ha consumido ya el segundo café mientras aguarda en el living de la casa de la novia, le dan una noticia: la peluquera llegará más tarde, en una hora más o menos (“es que usted es tan puntual, Ariel”).
Entonces al “filmador” lo ataca una duda existencial: ¿Voy bien encaminado en mi trabajo o estoy en el momento y lugar equivocados? No, pibe -susurra un fotógrafo septuagenario que las vivió todas- cuando sos un tipo simpático la gente te toma cariño fácilmente ¿no viste cómo discutía la novia con su mamá delante nuestro, como si no existiéramos? Eso se llama confianza, pibe, con-fian-za.
Estilo de trabajo
A mí también me condujo, al principio, esta línea de trabajo donde una espesa lista de instancias previas a la ceremonia religiosa o entrada al salón de fiestas, y dentro de él, marcaba los “pasos obligatorios” para una correcta realización. Más tarde entendí la necesidad de comenzar a incorporar nociones desde un aspecto más técnico, apreciar producciones cinematográficas con el propósito de descubrir otro ángulo visual y asimilar, a través de la lectura, material relacionado y acorde. A las inquietudes referidas en estos últimos renglones se les sumaron los ya continuos comentarios de mis clientes respecto a que no querían un video “pesado, aburrido…” La práctica de lo narrado me llevó a entender que muchas de aquellas costumbres heredadas estaban demás, por lo tanto empecé a ofrecer a mis clientes un trabajo alejado de lo estrictamente documental y más cercano a “esa película que querían ver”. Esto no significa que he desechado toda idea de una realización anterior sino que intento diferenciar claramente mi trabajo del llevado a cabo por mi compañero, el fotógrafo, tornándolo más complementario. También despliego a mis posibles clientes una variada propuesta de realizaciones para ser proyectadas en pantalla, la noche de la fiesta, sin descartar emisiones en vivo de algunos momentos preponderantes del acontecimiento, entre otras cosas.
Hace ya unos años que llevo adelante la idea de trazar un trabajo algo más íntimo, que respete la paradoja de lo privado que puede apreciarse y emocionar al público; dinámica y continuidad centrada en los novios, en primer lugar, pero sin minar con el peso adicional de la imagen que mi sentido común evalúa como insustancial para los fines del trabajo que estoy componiendo; créanme que a veces lo logro, sobre todo cuando sé que el cliente confía plenamente en mi criterio. Aunque algunos de mis comentarios pudieran parecer rotundos y excluyentes exponen claramente el concepto de mi estilo.
Está demás aclarar que la dirección que persigue este artículo es sólo acercarles mi personal percepción de los hechos, aunada a mis vivencias; todos sabemos que cada realizador, en algún punto de su trayectoria, encontrará el método ideal para llevar a cabo estupendamente su trabajo, con igual éxito que el de ese colega que aplica un procedimiento totalmente diferente.
Ariel García
Realizador de Videos.


MARCOSOTO
FELICIDADES …. LEISTE MI VIDA DETRAS DE LA CAMARA DE VIDEO las trigo en manos desde los xv años de vida y tengo 45 SALUDOS DESDE SONORA MEXICO